1989-04-4020-elder-boyd-k-packer-590x442-ldsorg-articleAhora una entrada con  temas más espirituales.

Al cumplir sesenta y ocho años , en 1992, el presidente Boyd K. Packer escribió unos versos, a los que llamó una “Composición Inconclusa”.A mí me hacen reflexinar cada vez que las leo ,sobre todo porque  aun soy joven y no siempre puedo ver las cosas con tanta claridad como lo hace el presidente Packer ; espero que a ustedes tambien les pueda servir de algo .

Me vino a la mente la otra noche,
un pensamiento intenso y profundo.
Me vino cuando estaba agotado,
y sin poder dormir por estar tan cansado.
Había tenido un día ocupado
y meditaba sobre mi destino.
Esto fue lo que pensé:
Cuando era joven, ¡no tenía sesenta y ocho años!
Caminaba sin renguear
y no me dolía el hombro.
Podía leer una frase dos veces
y repetirla sin vacilar.
Trabajaba un sinfín de horas
sin necesidad de parar.
Cosas que ahora no puedo hacer
entonces hacía con facilidad.
Si pudiera el tiempo retroceder,
si tuviese esa habilidad,
ser joven otra vez no querría,
pues sería mucho lo que perdería.
Contento estoy de avanzar,
y mi juventud atrás dejar.
Pues lo que perdería si retrocedo
sería todo lo que ahora comprendo.
A los setenta y ocho , diez años más tarde , agregó a su composición lo siguiente:
Diez años se han ido, quién sabe a dónde
y con ellos mucho dolor que he sufrido.
Una cadera metálica mi renguera corrigió;
y una placa que sostiene los huesos de mi cuello a caminar derecho me ayudó.
¡Qué maravilloso invento!
Redujo los efectos de la polio;
haciéndome de “dura cerviz” en el intento.
Las señales de la vejez son evidentes,
y ellas no mejorarán.
La única cosa que con el tiempo crece
es que mi memoria desaparece.
Se preguntarán si los recuerdo…
Claro que sí, si no han cambiado.
Pero no se vayan a enojar
si sus nombres no puedo recordar.
Reconozco que aprendí
cosas que es mejor no saber,
pero con la edad, la preciada verdad reconocí
que fortaleció el Espíritu dentro de mí.
De todas las bendiciones recibidas,
la mejor de mi vida
es el consuelo y la compañía
que recibo de mi esposa tan querida.
Nuestros hijos se casaron bien;
tienen sus propias familias,
con hijos y nietos también,
que han crecido muy de prisa.
No ha cambiado mi forma de pensar
en cuanto a ser joven otra vez.
Hay un propósito en la vejez,
con ella viene el conocimiento de la verdad.
Se preguntarán: “¿qué me depara el futuro?
¿cuál será mi destino?”.
Sigamos adelante sin reclamos,
¡y pregúntenme cuando cumpla ochenta y ocho años!
En 2012 ,aumento otras líneas más:
Pues ahora ya tengo ochenta y ocho.
Los años pasaron volando.
Caminé, rengueé, usé un bastón,
y ahora por fin “en ruedas” ando.
Es cierto que duermo la siesta algunas veces,
pero el poder del sacerdocio aún permanece;
y a pesar de perder muchas habilidades
hay grandes beneficios espirituales.
Viajé por el mundo miles de millas,
y un millón más sin parar.
Y con la ayuda de los satélites,
aún no he dejado de viajar.
Ahora puedo decir con seguridad
que conozco y amo al Señor.
Uno mi testimonio al de los de la antigüedad
al predicar Su palabra con honor.
Sé que es casi imposible comprender
lo que en Getsemaní Él sufrió.
Sé que por todos nosotros padeció
y que mejor Amigo no podemos tener.
Sé que Él va a volver
con gran gloria y poder.
Cuando finalice mi vida en la tierra,
sé que lo podré ver.
Me inclinaré ante Sus heridos pies;
y el calor de Su Espíritu sentiré.
Con voz suave y temblorosa diré:
“mi Señor, mi Dios, yo lo sé”.